Y ahora ya me empiezo a preguntar
cuál de estos chistes es el mejor:
el del día en que te hablé de amor
sabiendo que daban temporal
o el del día de la gran broma final.
Como un mar me presenté ante ti
en parte agua y en parte sal.
Lo que no se puede desunir
es lo que nos habrá de separar
en el día de la gran broma final.
Y cuando sabes que algo puede ir mal
y estallará bajo tu nariz,
cuando no es posible ser feliz
y te asustas como un animal
es el día de la gran broma final.
Cuando te griten con rabia
que tu amor entero fue una estafa
y tú protestes y no quede un alma allí para escuchar,
cuando ya no queden ritos,
suene un golpe seco y casi un grito
y luego ya no te molestes,
ya no hay nada que arreglar,
es el día de la gran broma final.
Ya nada será igual
tras el día de la gran broma final.
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